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El 2017 lleva registradas más de 600 ferias sociales. La crisis económica produjo en muchos sectores del país la vuelta al intercambio de productos o servicios ante la desesperación de no poseer ningún ingreso.

‘’Es lindo acordarse en el oasis de cuando uno tenía sed. Acordarse en el amor de cuando uno sólo tenía adioses. Es lindo acordarse en medio de este verano próspero- de playas y rutas desbordadas, de aeropuertos y terminales colmados- de los tiempos de las ferias del trueque’’.

Comenzó en el 2010, la carta abierta de Orlando Barone, ‘’Recuerdo de las ferias del trueque’’. Mensaje, que en los últimos días, en algunas regiones de la Argentina pareció ser olvidado. Se saludó de nuevo al intercambio. Se visitó en busca de algo de comer o un arreglo al baño. Se puso fecha, hora y dirección, como en la Casa del Pueblo de Alem y Las Heras (Tandil) donde en menos de un mes ya completaron cuatro reuniones. 

A las mismas, asistió un total de 200 personas, por encuentro. Pero, de a poco se suman más a esta iniciativa, que como tantas, empezó a raíz de los despidos. Durante el primer trimestre del 2017, sólo en la provincia de Buenos Aires, se registró un incremento del 33% de desempleados con respecto a las estadísticas del año anterior (19%). En la actualidad, para muchos argentinos o puntualmente los ciudadanos bonaerenses, se volvió una hazaña conseguir empleo; aún más si se pretende que éste sea estable, dependiente y en blanco. 

Si se tiene que hablar de ‘’true-que’’, ‘’canje’’ o ‘’cambio’’, el primer antecedente argentino se remonta a los años 1998 y 2002, cuando en una profunda crisis económica, la ‘’clase media’’ llegó a su extremo. La mitad de la población, comenzó a vivir en pobreza. Los medios para obtener alimentos, ropa, medicamentos o adquirir algún servicio eran casi nulos. Sin embargo, esta gran feria, fue producto de un proceso largo y doloroso. En 1993 los niveles de pobreza eran del 17,8%, en el año 2002 alcanzaron un 57,3%, y la inflación un 41%. Por su parte, el desempleo llegó al 21,5% un número que sorprende.

Recientemente, con más de 127.000 puestos de trabajo perdidos y 5.000 empresas cerradas, se crearon más de 600 entidades de intercambios, distribuidas en todo el país. Un triste resultado, que mes a mes sigue creciendo. En estas situaciones el dinero pierde su valor y el ‘’trueque’’ permite obtener cosas con precios similares. Se vuelve una salida justa, una solución rápida, un re-curso honesto entre la angustia compartida de todos sus participantes.

En la Plata, cerca de 400 mujeres se juntan tres veces a la semana para canjear indumentarias, artesanías y hasta elementos de fuerte valor emocional por comida. Una triste postal del apriete financiero. En esa zona, el canje por alimentos funciona los miércoles de 15 a 18 hs.

En General Alvear, se juntaron más de 230 mujeres, quienes para poner sus mantas y exponer sus productos abonan un peso, dinero que se usa para comprar elementos de limpieza. Artesanías por pastelitos, ropa por muebles, bebidas por algún que otro servicio -cortar el pasto o solucionar algún problema de plomearía  son algunos de los canjes que proponen en el Club de Pescadores, institución que ofrece sus instalaciones para llevar a cabo la idea. Pilar, por su parte, cuenta con páginas en redes sociales. En ellas sus participantes dejan sus da-tos de contacto y el servicio o producto a cambiar. Cuenta con 500 miembros y más de 100 publicaciones diarias.

Para muchos grupos de Facebook. Jóvenes aburridos o comerciantes modernos, lo que inició como un ‘’Vendo o Permuto’’ terminó por volver a ser la realidad de miles de personas. Lentamente y en silencio las ‘’ferias sociales’’ se encaminan a la hermandad ‘’trapichera’’.


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